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viernes, 27 de enero de 2017

LA LA LAND: Los tontos que sueñan.

Todo musical que se respete tiene un poste de luz para bailar alrededor.
El musical de Hollywood es un género que cada cierto tiempo intenta resurgir de entre las cenizas para captar la atención de la audiencia y revivir, así sea brevemente, el amor por el canto y el baile en la gran pantalla. En el nuevo milenio, musicales como Moulin Rouge y Dancer in the Dark han empujado al género en direcciones interesantes; mientras que adaptaciones de Broadway como Chicago y Les Miserables han acaparado buen número de galardones. Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos, el musical continúa siendo sinónimo del cine de antes, aquel de Fred Astaire, Ginger Rogers o Gene Kelly. Con La La Land, el director Damien Chazelle se dedica a celebrar la nostalgia por un género que se niega a desaparecer y que quizás experimente un nuevo renacer en el futuro cercano.

Singing in the Rain y West Side Story son algunas de las cintas que inspiran al director para dar vida a este tributo a la ciudad de Los Angeles, "ciudad de estrellas" como dicta una de las canciones del film, y a los soñadores que en ella habitan. La cinta arranca en el tráfico angelino, lleno de soñadores que, impedidos de llegar a su destino, revientan a cantar y bailar en medio de una transitada arteria vial. Desde el comienzo, Chazelle demuestra su amor por largas secuencias filmadas en una sola toma, algunas con complejas coreografías y otras fijadas en el rostro de un personaje durante una canción entera.



Los dos soñadores de la historia son Mia (Emma Stone) y Sebastian (Ryan Gosling). Ella, actriz. Él, pianista. Mia trabaja en un café dentro de un estudio de Hollywood, donde las estrellas entran y salen llenos de glamour sin prestar mayor atención a quien les sirve su bebida. Por su parte, Sebastian se rebusca con cualquier trabajo en el que pueda tocar algunas teclas, pero sueña con abrir su propio club de jazz, aún cuando el jazz no sea el género musical más popular en estos tiempos. Cupido no flecha a estos dos a primera vista, pero eventualmente Sebastian y Mia ceden al romance, no sin antes emerger en un baile de tap o una danza por las nubes imaginarias del planetario de la ciudad.

La La Land puede mirarse a través de un ojo cínico que resalte la superficialidad de una ciudad como Los Angeles, donde todo aspirante a artista espera ser descubierto y saltar a la fama de la noche a la mañana. Los tontos que sueñan, dice la canción "Audition", cantada por Mia durante una audición. Chazelle entiende este cinismo y nos brinda una perspectiva honesta que celebra el esfuerzo de quienes se aferran a sus sueños (y cuentan con el talento para hacerlos realidad). Emma Stone encapsula a la perfección esta visión mediante su interpretación, jocosa y romántica, frustrada pero tenaz, y siempre sincera, que la convierte en lo mejor de la cinta. Su química con Ryan Gosling es innegable, aún después de tres películas como co-estrellas. Puede que no sean los mejores cantantes o bailarines, pero es en esa imperfección que sus personajes se mantienen al nivel de los mortales, aún cuando bailan por las nubes.

Mia y Sebastian, los soñadores de esta historia.

La música de Justin Hurwitz resulta enormemente pegajosa, gracias a partituras como "Mia & Sebastian's Theme" y "City of Stars", que reaparecen cada cierto tiempo durante la historia para marcar el estado del romance de los personajes, o la disolución de éste. Al igual que con Whiplash, Chazelle deja claro que los logros implican sacrificios, sobre todo en el mundo artístico, donde las relaciones personales suelen sacrificarse en pro del éxito profesional. Es un tema recurrente en el trabajo del director, pero el panorama en este caso luce mucho más optimista que en aquel film. Más allá del drama necesario para construir una historia, La La Land es una oda al género musical de antaño que captura con gracia aquello que llaman la magia del cine, tal vez porque sus personajes buscan, precisamente, brillar en una ciudad de estrellas.

Puntuación: 5 de 5.


viernes, 20 de enero de 2017

ROGUE ONE: La precuela que Star Wars necesitaba

Jyn Erso, rebelde con causa.

En términos cinematográficos, un McGuffin es un objeto o dispositivo que permite que la trama de una película avance, aunque dicho objeto no posea mayor relevancia para la historia en sí. La Estrella de la Muerte ha sido el McGuffin de preferencia en la saga de Star Wars. Fue el objeto a destruir en los episodios IV, VI y VII, pero cualquier sinopsis de esos filmes se enfocaría primero en relatar la tormentosa relación de Luke Skywalker y Darth Vader, o el romance entre Han Solo y la Princesa Leia, antes de hablar sobre una nave espacial gigante con forma de luna.

Rogue One: A Star Wars Story es el primer spin-off o historia adyacente a la saga principal de Star Wars. Cronológicamente, se ubica entre los episodios III (Revenge of the Sithy IV (A New Hope), justo cuando es construída la primera Estrella de la Muerte. Sin embargo, cuenta con un reparto completamente nuevo y, por primera vez, no hay Jedi ni sables de luz a la vista. En su lugar, tenemos a Jyn Erso (Felicity Jones), una rebelde con causa que no necesariamente simpatiza con la Alianza Rebelde, pero cuyo ADN es clave para descifrar la nueva arma letal construída por el Imperio Galáctico, pues es la hija de Galen Erso (Mads Mikkelsen), el ingeniero responsable de la construcción de la Estrella de la Muerte.

Cassian Candor y K-2SO (Kaytoo)
El film comienza durante la infancia de Jyn, cuando Galen es separado de su familia por el agente imperial Orson Krennic (Ben Mendelsohn). Jyn permanece escondida varios días hasta que es encontrada por Saw Guerrera (Forest Whitaker), amigo de su padre y antiguo miembro de la Alianza Rebelde, quien la cría por el resto de su infancia. 15 años después, el espía rebelde Cassian Andor (Diego Luna) rescata a Jyn de una prisión imperial, con la condición de que ésta lo ayude a encontrar a Galen. Sin embargo, el verdadero plan de Cassian es asesinarlo sin hacer preguntas.

Para completar esta aparente misión de extracción, Jyn y Cassian cuentan con la asistencia de Bodhi Rook (Riz Ahmed), un piloto imperial desertor y amigo de Galen; el robot K-2SO (Alan Tudyk), mucho más altanero e irónico que C-3PO; un ferviente guerrero ciego creedor en la Fuerza llamado Chirrut Îmwe (Donnie Yen) y su compañero Baze Malbus (Wen Jiang). Como es de esperar, la misión embarca al grupo en un camino inesperado que los lleva a intentar robar los planos de la Estrella de la Muerte, y nuevamente el McGuffin preferido de Star Wars entra en juego.




Si bien Rogue One es un episodio aislado de la historia principal de Star Wars, el director Gareth Edwards realiza un gran trabajo al presentar a la mayoría de estos nuevos personajes con el bagaje necesario para generar afinidad en la audiencia. Jyn emana un estoicismo que la coloca siempre en ventaja ante cualquier intento por amilanarla, venga de amigos o enemigos. Felicity Jones brinda otro personaje femenino intrigante a la saga, apenas un año después de que la Rey de Daisy Ridley sorprendiera al mundo en The Force Awakens. Por su parte, Cassian es el primer personaje rebelde que posee una moralidad dudosa, un cambio interesante dentro de una saga que suele delinear con claridad la bondad de los héroes y la maldad de los villanos. A menor escala, el resto del equipo deja una huella importante dentro de esta galaxia, además de que está conformado por  el elenco más diverso de cualquier film de Star Wars.

En cierto modo, Rogue One alcanza convertirse en la precuela que los episodios I, II y III desearon ser. En perspectiva, si el origen de Darth Vader se hubiese contado en un sólo film en lugar de tres, quizás la percepción del público hacia Anakin Skywalker sería diferente. Y hablando de Darth Vader, Rogue One cuenta con la presencia del famoso villano en todo su esplendor, incluida la voz de James Earl Jones. Vader aparece en sólo un par de escenas, pero su participación en la historia es tan efectiva que ayuda a borrar de la memoria la triste escena final de Episodio III, que hasta ahora era la última escena de Vader en la gran pantalla.

Los AT-ATs regresan.
Otro personaje que regresa a Rogue One es Grand Moff Tarkin, quien originalmente fue interpretado por Peter Cushing. Gracias a la magia de los efectos digitales, Cushing tiene un rol preponderante dentro del film. El resultado es sin duda impresionante, aunque no 100% convincente, pero la inclusión de Moff Tarkin tiene sentido gracias a la relación intrínseca entre el personaje y la Estrella de la Muerte. Además, el film explora algunas tensiones internas entre los villanos de la historia, lo cual explica la aversión de Darth Vader hacia la habilidad destructiva de la Estrella de la Muerte, cuya autoría no le pertenece.

El último tercio del film brinda la experiencia más emocionante, acompañado de escenas de acción muy bien estructuradas y de un emotivo desenlace para la mayoría de los personajes, con la excepción de Saw Guerrera, quien se queda corto en desarrollo. Los minutos finales retratan con gracia el impacto del sacrificio y esfuerzo de este grupo, hasta ahora desconocido. La transición hacia el episodio IV es manejada con emoción y elegancia, y Rogue One tendrá a partir de ahora una influencia incuestionable para quien vuelva a ver A New Hope. La Fuerza es poderosa con Rogue One.

Puntuación: 4,50 sobre 5.

viernes, 18 de noviembre de 2016

DOCTOR STRANGE: Olvida todo lo que crees que sabes

El doctor ha llegado.
Iron Man, Hulk, Thor, Captain América, Guardians of the Galaxy, Ant-Man... Marvel continúa produciendo historias de origen de personajes relativamente desconocidos, y sigue teniendo éxito en su proeza de expandir su repertorio de superhéroes. El turno en el film número 14 de este enorme conglomerado es para Doctor Strange, el futuro Hechicero Supremo que trae consigo el uso de magia y una serie de trucos visuales bastante atractivos a este expansivo universo cinematográfico.

El Doctor Stephen Strange (Benedict Cumberbatch) es un exitoso y engreído neurocirujano, más interesado en encontrar el próximo caso que le traiga fama y gloria que del bienestar de los pacientes más necesitados. Strange es también un galán empedernido, aunque sus encantos ya no surtan efecto en la Dra. Christine Palmer (Rachel McAdams), con quien tuvo una relación sentimental en el pasado. Camino a una ponencia, Strange sufre un accidente automovilístico que destroza sus manos y acaba también con su carrera, más no con su ego.

Maestra y discípulo.
Cuando las cirugías y la terapia no funcionan para recuperar sus habilidades, Strange acude renuentemente a un templo en Kathmandu, Nepal, donde es recibido por Mordo (Chiwetel Ejiofor), un fiel discípulo de La Ancestral o The Ancient One (Tilda Swinton), la Hechicera Suprema. Como buen hombre de ciencia, Strange permanece incrédulo y arrogante ante las palabras de La Ancestral y sus promesas de curar el cuerpo con la mente. Sin embargo, ésta no vacila en callar su perorata arrogante con una muestra de su poder, la cual lanza a Strange en un viaje psicodélico que desprende su espíritu de su ente corpóreo y lo convence de que existe una visión del mundo hasta ahora desconocida para él.

La Ancestral ve el potencial en Strange para convertirse en un poderoso hechicero, pero también observa el mismo espíritu retador de su antiguo alumno, Kaecilius (Mads Mikkelsen), discípulo convertido en enemigo que al comienzo del film roba las páginas de un libro sagrado. La intención de Kaecilius es invocar a Dormammu, el ser supremo de una oscura dimensión donde el tiempo no transcurre y la vida es eterna. Para abrir el portal de la dimensión oscura, Kaecilius debe destruir los tres santuarios que protegen a la Tierra, ubicados en Londres, Nueva York y Hong Kong. 


Los ataques a cada templo dan lugar a varias de las escenas de acción más interesantes que se han visto en filmes de superhéroes. Tomando inspiración en la Inception de Christopher Nolan, el director Scott Derrickson reta las leyes de la física al torcer calles y edificios en todos los ángulos posibles, mientras que héroes y villanos combaten con espadas, látigos y escudos creados con sus propias manos, como si se tratase de su energía interior expresándose en el mundo táctil. Si Guardians of the Galaxy empleó una amplia paleta de colores y música ochentosa para establecer una identidad, Doctor Strange recurre a trucos visuales que alteran el tiempo y el espacio como elemento distintivo de sus películas hermanas. La noción de realidades paralelas, paradojas temporales y magia son conceptos nuevos dentro de este mundo de súper soldados, hombres verdes gigantes y dioses del trueno, e impresiona que Marvel continúe explorando territorios desconocidos dentro de su filmografía.

Inception 2.0
Benedict Cumberbatch emana un carisma reminiscente al de Robert Downey Jr. en Iron Man. Se sabe que los productores del film retrasaron el inicio de la filmación para contar con él, y la decisión trae dividendos en todos los ángulos. Cumberbatch no sólo adquiere un aspecto muy similar al del comic, sino que su carisma facilita la empatía hacia un personaje con pocas cualidades afectivas, reflejadas en especial durante una escena entre Strange y Christine donde éste descarga su frustración con palabras hirientes e inusuales en un futuro superhéroe. Al mismo tiempo, el actor cuenta con una ligereza ya vista en su rol titular en la serie Sherlock, que contribuye al muy necesario humor dentro de una trama en general bastante seria.

Tilda Swinton se roba la atención de la cámara en todas sus escenas, a pesar de la controversia generada por la escogencia de una mujer blanca para interpretar un personaje de aparente origen asiático. El carácter asexuado de la actriz sólo añade curiosidad hacia los enigmas que rodean a La Ancestral y el origen y alcance de sus poderes. Chiwetel Ejiofor también rompe el esquema del rol de sidekick gracias a un giro en el guión que ayuda a generar interés en el futuro de su relación como n Strange. Por su parte, Rachel McAdams tiene un rol algo limitado, pero la actriz aprovecha cada una de sus escenas para expresar más de lo que sus diálogos pueden inferir y su dinámica con Strange también se sale del molde de este tipo de películas.

Tienes algo en los ojos.
Marvel es ya infamemente conocido por sus villanos débiles y Kaecilius no aporta demasiado para cambiar esta tendencia. Mads Mikkelsen aprovecha su tiempo en pantalla, particularmente durante una confrontación con Strange a mitad de película, pero su papel es más un elemento que mueve la trama, mas no un personaje enteramente desarrollado. Sin embargo, Kaecilius resulta más interesante que villanos como Ronan en Guardians o Malekith en Thor: The Dark World, pero aún hay trabajo pendiente en esta área.

Doctor Strange es otro éxito para la maquinaria de héroes de Marvel. El film cumple con el propósito de introducir un personaje envolvente que sin duda jugará un rol crucial cuando los Vengadores enfrenten a Thanos en la futura Avengers: Infinity War, pero también genera amplias expectativas por la próxima entrega que nos adentre en los avatares de Stephen Strange. El doctor ha llegado para quedarse.

Puntuación: 4,50 de 5.

viernes, 30 de septiembre de 2016

DESDE ALLÁ: La distancia como arma narrativa

Alfredo Castro y Luis Silva en Desde Allá.

Armando (Alfredo Castro) no parece un caraqueño común. Habla con un acento foráneo, su rostro inexpresivo lo priva de toda calidez y su pausado caminar lo desconecta del caos de la ciudad. Acostumbra a rondar por la calle con un fajo de billetes, solicitando la compañía de hombres jóvenes que luzcan necesitados. Posee gustos particulares, pues no tiene relaciones sexuales con estos acompañantes, sino que se satisface con sólo observarlos semidesnudos.

Elder (Luis Silva) es uno de estos jóvenes. Trabaja en un taller mecánico y acaba de comprarle un carro destartalado a su jefe, con el sueño de repararlo y tener un vehículo. Pero Elder también es malandro y se redondea robando repuestos junto a una banda de antisociales. Cuando Armando lo lleva a su apartamento por primera vez, Elder lo llama "viejo marico", lo deja sin billetera y con un ojo morado. Sin embargo, el prospecto de continuar ganando dinero fácil incita futuros encuentros entre los dos.

Armando siempre observa 'desde allá'.

El venezolano Lorenzo Vigas debuta con un film atípico para el cine criollo, emocionalmente mucho más retraído que dramas recientes como Azul y No Tan Rosa Pelo Malo, los cuales también exploraban temas de identidad sexual dentro de la cultura machista venezolana. Vigas establece un tono pausado y contemplativo que ara el camino de un relato sórdido, donde dos personajes disímiles se mueven entre el límite de una dinámica paternal y una relación sexual. Castro realiza un trabajo interesante como el estoico Armando, de cuyo pasado y presente poco se sabe, más allá de tener una hermana (Catherina Cardozo), cuya vida parece bastante normal. En contraste, el personaje de Elder emana volatilidad e ira, y Silva es convincente a pesar de no ser un actor entrenado.



El guión mantiene distancia con sus protagonistas, dejando por fuera elementos de la trama para que el espectador los interprete a conveniencia. Vigas opta por no detallar los motivos del odio que Armando siente por su padre, al cual espía desde la distancia una vez que se entera de que éste "ha vuelto", quién sabe de dónde ni por qué. El riesgo de esta decisión creativa está en confundir ambigüedad con profundidad, las cuales no siempre van de la mano. Al intentar dejar un final abierto, el guión opta por sorprender con un giro de último minuto que quedaría mejor en un thriller de misterio, no en un drama pasional donde el foco de la historia es la relación entre una pareja atípica.

Elder y su carro.

La dirección visual de Vigas demuestra ser su mayor fuerte. La composición de planos otorga matices muy interesantes a los lugares más recónditos de Caracas. A veces, el foco abandona los objetos, como si los pensamientos se desvanecieran en el aire. Para esto, Vigas contó con el talento de Sergio Armstrong, director de fotografía de los galardonados filmes chilenos No y La Nana. Adicionalmente, el diseño de sonido juega un rol fundamental dentro del lenguaje sensorial que el director maneja, pues no hay banda sonora alguna.

Es poco probable que Desde Allá se convierta en un éxito comercial dentro de Venezuela, pues su sensibilidad e inspiración proviene del cine europeo, donde es más común que las emociones se contengan. Sin embargo, Vigas ha realizado un trabajo meticuloso que se traduce en una obra artísticamente poderosa, a pesar de que su guión no resulta tan profundo como cree ser. 

Puntuación: 4,25 de 5.









viernes, 16 de septiembre de 2016

STRANGER THINGS: El blockbuster del verano

Lucas, Dustin, Mike y Eleven.
No es nuevo afirmar que la televisión de la última década tiene poco que envidiarle al cine actual. Definir una era dorada de este medio será trabajo de historiadores en el futuro, pero la variedad y calidad de series producidas por cadenas de cable como HBO y la aplicación dominante del streaming, Netflix, han provocado que muchos decidan quedarse en casa en lugar de acudir a las salas de cine. En vista de esto, Matt y Ross Duffer, directores hasta ahora desconocidos, decidieron reducir la brecha entre ambas experiencias, agregando una buena dosis de nostalgia que funge como punto de entrada hacia el mundo de misterios de la serie Stranger Things.

Los hermanos Duffer crecieron en los años 80. Como buenos futuros cineastas, se atiborraron de las películas del momento, dominadas en buena medida por la ciencia ficción de Steven Spielberg, los despertares adolescentes de John Huges y el horror de Stephen King. Así como Quentin Tarantino suele enumerar las influencias de cada uno de sus films, los Duffer no esconden la inspiración de películas como E.T., The Goonies o Poltergeist para concebir una serie que parece sacada de una cinta de Betamax de hace unos 30 años, aunque con el valor de producción de los tiempos actuales.

Winona Ryder tiene un encuentro cercano.
Stranger Things se desarrolla durante algún momento de la década de los ochenta en el tranquilo pueblo suburbano de Hawkins, de esos que suelen ser atacados por Gremlins o atormentados por Freddy Krueger. Un cuarteto de amigos juegan a Dungeons & Dragons en el sótano de casa de Mike Wheeler (Finn Wolfhard), debatiendo la mejor estrategia para vencer a un Demogorgon. La discusión es cándida e intensa hasta que la mamá de Mike interrumpe y manda a todo el mundo a casa. Lucas (Caleb McLaughlin) y Dustin (Gaten Matarazzo) llegan a sus hogares sin problema, pero Will Byers (Noah Schnapp) desaparece en medio de la noche.

Al día siguiente, Joyce Byers (Winona Ryder) y su hijo mayor, Jonathan (Charlie Heaton) se percatan de la ausencia de Will. En poco tiempo, el alguacil Jim Hopper (David Harbour) y el pueblo entero de Hawkins se encuentran en la búsqueda del niño desaparecido. Joyce presiente que algo extraño ha sucedido, y a medida que la investigación se vuelve infructuosa, su desesperación escala. Todo cambia cuando Joyce parece recibir un mensaje del más allá, producto de tenebrosos impulsos eléctricos que encienden y apagan las luces de su casa. Will parece estarse comunicando con su madre, o alguien más está tratando de decirle algo.

El otro lado de la historia nos ubica en el misterioso Laboratorio Nacional de Hawkins, encabezado por el Dr. Martin Brenner (Matthew Modine), de donde parece haber escapado una espantosa bestia que despacha a un pobre científico de un sólo zarpazo. Sin embargo, la bestia no es lo único que sale del laboratorio. Durante la búsqueda de Will, sus amigos encuentran en el medio del bosque a una niña escuincle de cabello rapado (Millie Bobby Brown), quien luce desorientada y, quizás, maltratada. Los chicos la esconden en el sótano de casa de Mike y le dan el apodo de Eleven, o Elle, debido al número 011 tatuado en su antebrazo. Elle podría ser la pieza clave para encontrar a Will, o la responsable de su desaparición.



La interacción de los niños es el centro emocional de la historia, y la elección del elenco infantil no pudo ser mejor. Eleven es la revelación de la serie, gracias a una interpretación maravillosa por parte de Millie Bobby Brown, tan vulnerable como letal según las circunstancias. El trío de Mike, Lucas y Dustin resulta completamente convincente en su rol de nerds intentando resolver el misterio de la desaparición de su amigo, y la llegada de Elle al grupo sacude y pone en riesgo su amistad. Otro dúo interesante es el de Jonathan y Nancy (Natalia Dyer), los hermanos mayores de Will y Mike, quienes también intentan encontrar a Barb (Shannon Purser), un personaje que con sólo haber aparecido en dos episodios ya posee una legión de fanáticos en internet.

No contento con esto, los adultos también llevan la batuta. David Harbour le aporta una dimensión importante al alguacil Hopper, quien carga con su propia tragedia sobre los hombros. Asimismo, Winona Ryder regresa a la (pequeña) pantalla luego de varios años sabáticos, y su participación en la serie no puede ser más acertada. Ryder interpretó a la adolescente perenne a finales de los ochenta y principios de los noventa, por lo que da gusto verla en forma dentro de un papel distinto, producto de su madurez. Por último, Matthew Modine es el único que no sale muy bien parado, pues su rol de villano necesitaba de un mejor enfoque para ejercer suficiente contrapeso ante un personaje tan poderoso como Eleven.

Barb. Forever.
Los hermanos Duffer no buscaron recrear el look de los años ochenta, sino el de las películas de dicha década. Cada personaje parece familiar, como la hermana pequeña de Mike, que pareciera ser un clon de Drew Barrymore, o el bully de la secundaria, Steve (Joe Kerry), patán ensimismado y amor platónico de Nancy. La escuela secundaria, la estación de policías, el bosque tenebroso... A medida que los aspectos paranormales de la trama cobran fuerza, estos lugares y personajes familiares adquieren matices frescos que nos transportan a una era de mayor ingenuidad, donde la aventura se encontraba a la vuelta de la esquina. No por esto se puede considerar a Stranger Things como una serie para niños, pues también contiene elementos de terror, pero el balance entre miedo y humor es bastante equilibrado. El toque de gracia está en la musicalización, compuesta con sintetizadores y acompañada de los sonidos de bandas como The Clash, así como una introducción sencilla pero muy apta para ubicarnos en el mood de la época.

Con tan sólo 8 episodios, Stranger Things parece un film extendido más que una serie de televisión tradicional. Es posible distinguir los elementos estructurales de un guión cinematográfico, con giros y subtramas que alimentan el arco narrativo principal, pero no faltan los clásicos cliffhangers al final de cada episodio. Luego de una resolución satisfactoria, los hermanos Duffer no resistieron la tentación de desatar un par de cabos antes de rodar los créditos. El éxito de Stranger Things ya ha garantizado la realización de una segunda temporada, algo nada despreciable luego de que la serie se convirtiese en la gran sorpresa de este verano.

Puntuación: 4,50 de 5.


viernes, 2 de septiembre de 2016

STAR TREK BEYOND: Un film televisivo, en el buen sentido de la palabra

Spock y Dr. McCoy, la pareja dispareja.
Este año se celebra el 50 aniversario desde la primera vez que el USS Enterprise tomó vuelo ante los ojos del mundo. Star Trek es un fenómeno de fervientes fanáticosmuchas veces menospreciados por la cultura pop, a la cual le resulta más digerible una saga como Star Wars, enfocada en las peleas con sables de luz y no en la exactitud de las leyes de la física. En 2009, los trekkies se regodearon de alegría cuando J.J. Abrams resucitó las historias del Capitán Kirk (Chris Pine) y Spock (Zachary Quinto) con el reboot titulado Star Trek, y su continuación, Star Trek: Into Darkness, en 2013. Como es conocido, Abrams pasó los últimos años relanzando, justamente, una nueva trilogía de Star Wars, por lo que cedió su puesto detrás de cámaras al director Justin Lin, quien nos trae ahora Star Trek: Beyond, la tercera historia de este nuevo grupo de millenials del Enterprise.

El mejor elemento de esta versión de Star Trek ha sido su elenco, cuyo sentido de camaradería ha destilado dosis esenciales de simpatía para atraer a las audiencias no familiarizadas con personajes como Scotty (Simon Pegg), Sulu (John Cho) o Chekov (Anton Yelchin). El guión, de Simon Pegg y Doug Joung, se nutre de este legado para homenajear los 50 años de esta franquicia con un sacudón a la fórmula de los filmes anteriores, por lo cual el film parece un episodio de televisión extendido, donde los protagonistas se dividen en parejas o grupos inusuales y se enriquece aún más la interacción entre todos.

¨Beam me up, Jaylah.¨
La amenaza en esta ocasión proviene del villano Krall (Idris Elba), ser de un planeta desconocido que destruye al USS Enterprise mediante una impresionante emboscada donde perecen más camisas rojas que de costumbre (en Star Trek, vestir el uniforme rojo es sinónimo de una muerte anónima). Por desgracia, Krall carece de dimensión hasta el último tercio de historia, donde se revelan los motivos de su sed de venganza en contra de la Federación. Además, las gruesas capas de maquillaje sobre Idris Elba le impiden al actor lucirse en su rol de villano.

Los sobrevivientes del ataque deben abandonar la nave y aterrizar en el misterioso planeta, donde quedan esparcidos por todo el territorio. Es lógico asumir que eventualmente se reunirán, pero la interacción inesperada entre varios personajes producen los momentos más entretenidos del film. El mal humor del Dr. McCoy (Karl Urban) se vuelve hilarante ante el pragmatismo de Spock, al tiempo que Kirk cuestiona su capacidad de liderazgo frente al joven Chekov. Scotty se topa con una guerrera nativa llamada Jaylah (Sofia Boutella, irreconocible bajo un maquillaje de primera), mientras que Sulu y la teniente Uhura (Zoe Saldana), el dúo menos interesante, intentan no dejarse atrapar.




Ciertamente, Beyond cuenta con más escenas de acción que de costumbre, producto del cambio de director y la experiencia de Justin Lin con los filmes de Fast and Furious, pero la ejecución de éstas es impecable y posee el peso dramático suficiente para no generar cansancio. Además, Lin posee un instinto natural para balancear el uso de efectos digitales con acrobacias reales y el empleo de un ingenioso diseño de producción, lo que vuelve a este universo más palpable que nunca.

Beyond también tiene la misión de rendir tributo a Leonard Nimoy, debido a lo cual los guionistas decidieron integrar el fallecimiento del viejo Spock a la historia. Aunque es algo confusa en términos lógicos, la pérdida se convierte en un punto de quiebre dentro del arco narrativo del joven Spock, una decisión osada pero efectiva para honrar a la figura más icónica del fenómeno de Star Trek. Por otro lado, Lin tuvo que retornar a la sala de edición a último momento para homenajear también al fallecido Anton Yelchin, quien murió trágicamente semanas antes del estreno del film. Ambas pérdidas son manejadas de forma respetuosa y demuestran el cariño sincero que existe dentro de este elenco.
Chris Pine y el fallecido Anton Yelchin.
Luego de tres películas, la tripulación del USS Enterprise se encuentra más cómoda que nunca dentro de sus respectivos papeles. Aunque Star Trek no lo ha convertido en la estrella que merece ser, Chris Pine entrega todo de sí en cada uno de estos filmes. Su Capitan Kirk es mucho más cautivador que el de William Shatner, pero algunos puristas no estarán de acuerdo con esta afirmación. Por su parte, el Spock de Zachary Quinto continúa buscando su autenticidad dentro de un rol básicamente insuperable, más no es culpa del actor el tener que llenar zapatos tan grandes. Tras 50 años de aventuras en la frontera final, estos personajes continúan con mucho que ofrecer.

Puntuación: 4 de 5.

viernes, 19 de agosto de 2016

SUICIDE SQUAD: Una oportunidad desperdiciada

´Somos malos, es lo que hacemos´.
El universo extendido de películas de DC continúa en terrenos tormentosos con Suicide Squad. Luego de que Batman v Superman recibiese pocos elogios a comienzos de año, muchos asumieron que un film centrado en algunos de los villanos mas populares de DC sería el coadyuvante ideal para recoger los vidrios rotos y armar una serie de películas que al menos se acerquen en calidad al trabajo que Marvel lleva realizando desde hace años. Lamentablemente, Suicide Squad no es el film que retomará el curso de este tren descarrilado, aunque algunos de sus elementos cuentan con el potencial suficiente para ser explorados en películas subsiguientes.

Se presume que los productores entraron en pánico tras la respuesta de la crítica y los fans hacia BvS, debido a lo cual decidieron filmar escenas adicionales para aligerar el tono del film. Además, se editaron dos versiones de la película, sometidas a focus groups para determinar el gusto de la audiencia, de donde salió un corte final que amalgama lo "mejor" de ambas versiones. Es lógico asumir que tantos reajustes comprometieron la visión original del director David Ayer, y los problemas tras bastidores se traducen en una sopa de villanos con muy poca sazón.

El asesino a sueldo con corazón.
Todo comienza bien, con un trío de escenas que presentan a los protagonistas de la historia, cada uno con un distintivo fondo musical: Harley Quinn (Margot Robbie), la retorcida novia de El Guasón (Jared Leto), permanece aislada en una celda tipo jaula al estilo de Hannibal Lecter, donde disfruta hacer malabares cuando no asesina a algún guardia distraído; Deadshot (Will Smith), el asesino a sueldo experto en todo tipo de armas, también se encuentra recluido en prisión, pero anhela volver a encontrarse con su hija Zoe (Shailyn Pierre-Dixon); por último, Amanda Waller (Viola Davis), es quien se encarga de mover el engranaje gubernamental para armar a Task Force X, un equipo de súper villanos que enfrenten las amenazas de aquellos que se salgan del control de la ley (el fuego se combate con fuego, dirían algunos).

A medida que avanza la acelerada primera parte del film, siguen apareciendo nuevos miembros del también llamado Escuadrón Suicida, con resultados inversamente proporcionales al número de villanos. Enchantress (Cara Delevigne) tiene poderes sobrenaturales, Fuego (Jay Hernandez) puede manipular, obviamente, el fuego, Killer Croc (Adewale Akinnuoye-Agbaje) es un hombre/cocodrilo, y Boomerang (Jay Courtney) es un australiano experto en... lanzar un boomerang. Si parece poco, aún falta mencionar a Rick Flag (Joel Kinnaman), el militar encargado de mantener al grupo en cintura, bajo la amenaza de detonar un explosivo en sus cuellos si decidiesen escapar, así como a Katana (Karen Fukuhara), cuya habilidad ya no debe ser difícil de descifrar.
            

Parte del encanto de un film de esta clase yace en mostrar los choques de personalidad que ocurren cuando un grupo tan disímil como éste es obligado a trabajar en conjunto, pero el guión poco se preocupa en mostrar nada de esto. Se asume que los villanos son un buen equipo por ser todos igualmente malos, pero sólo existe química real entre Harley Quinn y Deadshot, gracias a que Margot Robbie y Will Smith emanan el encanto, e incluso la tensión sexual, necesarios para vender la idea de que dos psicópatas se ayuden el uno al otro.

Hablando de psicópatas, la mayor expectativa del film giraba en torno a la interpretación de Jared Leto como el Guasón, pero el personaje tiene un rol tan limitado que resulta injusto juzgar al actor, otra víctima de la intervención excesiva del estudio en la versión final del film. Sus escenas son mayoritariamente flashbacks que explican su relación con Harley Quinn, y al menos lo poco que vemos del Guasón resulta interesante, a pesar de su completa irrelevancia dentro de la trama principal.
Why So Serious? (We wish).
El tono del film es inconsistente. No llega a ser muy irreverente ni particularmente divertido, pero tampoco puede considerarse macabro u oscuro. La edición tampoco ayuda, pues en varias oportunidades cuesta ubicarse en el tiempo y el espacio de lo que ocurre en pantalla. Cuando comienza la misión principal del grupo, no hay nada que distinga a esta aventura de cualquier otra batalla por salvar al mundo, una constante en filmes de súper héroes que pierde mayor atractivo con cada película que intenta repetir la misma hazaña. Los trailers nos hicieron pensar que presenciaríamos una visión distinta y original, pero el resultado no sólo es más de lo mismo, sino una mala versión de más de lo mismo.

En contadas ocasiones a lo largo del film se esconde una película mucho más interesante. Batman (Ben Affleck) aparece en un par de escenas, pero su presencia es percibida a través de los ojos de los villanos. Resulta fascinante ver al caballero de la noche en un rol antagónico, particularmente en la escena junto a Deadshot, pero en lugar de aprovechar la oportunidad para explorar la retorcida psiquis de Harley y El Guasón, hay que presenciar una escena de acción para cumplir con la respectiva cuota de choques y explosiones. Cuando todo termina, queda el consuelo de las buenas interpretaciones de Robbie, Smith y Davis, pero Suicide Squad se queda corta en diversión y maldad, al tiempo que hunde más las expectativas de que este intento de universo cinematográfico no se derrumbe sobre su propia mediocridad.

Puntuación: 2 de 5.