No es necesario ir muy lejos para percatarse de que la filmografía de James Bond está llena de altibajos. Daniel Craig ha interpretado al agente 007 en cuatro películas, dos de las cuales resaltan dentro de las mejores en el canon cincuentenario de esta saga, en parte porque revelaron un lado más intenso y oscuro que el personaje no mostraba desde la era de Sean Connery. Los filmes con Daniel Craig han procurado mantener cierta continuidad entre una cinta y otra, algo que no importaba mucho en el pasado. La pérdida de su amada Vesper (Eva Green) en "Casino Royale" continúa generando estragos en la psiquis de Bond, mientras que la muerte de M (Judi Dench) en "Skyfall" demostró que es imposible escapar de un pasado lleno de asesinatos y traición. Entre esas cintas, "Quantum of Solace" quedó como el hijo del medio, un film con una crisis de identidad que no sabía si era una segunda parte o una entrega independiente, y ahora la misión de "Spectre" es atar todos los cabos y entregarlos con un lazo dorado para, supuestamente, cerrar la era de Craig con broche de oro.
Christoph Waltz como Blofeld, "One million dollars, buahaha".
Aunque no posee las mismas fallas que "Quantum...", Spectre cae en la tentación de reciclar varios elementos y vicios que esta versión de 007 parecía haber dejado atrás. Las locaciones exóticas y las mujeres bellas siempre han formado parte de estas películas, pero en esta ocasión la historia repite el mismo patrón una y otra vez: el héroe viaja por el mundo en búsqueda de un objeto o persona que lo conduce a un nuevo lugar en búsqueda de otro objeto o persona, usualmente con una aparatosa escena de acción de por medio de la cual sale sin un sólo rasguño. Es la fórmula Bond, sin duda, y ha funcionado por más de 50 años, pero la ejecución en los últimos filmes otorgaba prioridad a la historia, mientras que en esta ocasión las cosas parecen andar en piloto automático.
Si bien "Skyfall" ya había explorado el pasado de su protagonista, el villano de esta entrega es nuevamente una figura conocida que busca venganza a como dé lugar. Blofeld (Cristoph Waltz) es la cabeza de Spectre, una poderosa organización malvada que al parecer ha estado detrás de todos los planes macabros de los tres filmes anteriores, así como de todo el sufrimiento infligido hacia Bond. Blofeld no aparece en pantalla hasta más o menos la mitad del film, imitando nuevamente la estructura de Skyfall, donde el Silva de Javier Bardem también entraba en acción a medio camino. Sin embargo, Blofeld es un villano mucho más débil, principalmente porque la mayoría de sus escenas consisten en intercambios verbales con Bond mientras Blofeld se mantiene inmóvil desde una posición segura. El guión pareció confiar en que el actor vendería al villano, pero ni siquiera un ganador de dos Oscars puede darle vida a un personaje tan estereotipado. Blofeld ya existió en versiones anteriores de Bond y fue parodiado hasta el cansancio a través del Dr. Evil de Austin Powers, por lo que es difícil ver al personaje sin algo de ironía, aún sin un gato sentado sobre su regazo.
Monica Belucci y Daniel Craig.
Monica Belucci es una de las chicas Bond en esta oportunidad, en lo que podría catalogarse como una aparición especial con el único fin de mostrar a Monica Belucci en un film de James Bond (algo que incomprensiblemente no había sucedido hasta ahora). Por desgracia, sus escenas con Bond caen en el borde del ridículo y fungen como simple relleno dentro de la historia. La chica principal es Madeleine (Lea Seydoux), hija de Mr. White (Jesper Christensen), a quien vimos por última vez en Quantum of Solace. Seydoux es bastante más joven que Daniel Craig, por lo que su relación inicialmente no posee un tono romántico. Madeleine es la chica Bond más interesante desde Vesper, gracias a que la interpretación de la actriz no sacrifica la independencia del personaje por su sensualidad, aún cuando debe ser rescatada en un par de ocasiones. Además, la decisión de enamorarse de Bond es suya y no de éste.
Las escenas de acción varían entre tibio y frío. La primera escena, grabada en Ciudad de México, comienza con un plano secuencia bastante complejo durante la celebración del Día de los Muertos y culmina con una impresionante pelea a bordo de un helicóptero. Por otro lado, una persecución en las calles de Roma entre el Aston Martin de Bond y el Jaguar de Mr. Hinx (Dave Bautista) surge como la segunda mejor del film. Poco o nada más resulta memorable en este plano, una secuencia en las montañas nevadas de Austria se torna caricaturesca en el momento que Bond desciende de un precipicio en una avioneta, al tiempo que dispara a vehículos en movimiento, aniquilando a todos los villanos sin siquiera despeinarse. De igual forma, el último encuentro entre Bond y Blofeld carece de lógica narrativa al tomar en cuenta las circunstancias previas a éste.
Craig aporta el mismo carisma y sex appeal que lo ha hecho famoso, pero el actor a veces luce un tanto aburrido del papel. Ciertamente, Bond siempre mantiene la calma ante las situaciones más inverosímiles, pero los momentos de vulnerabilidad que hicieron de "Casino Royale" y "Skyfall" dos obras memorables son escasos aquí. "Spectre" podría pasar por un film de la era de Pierce Brosnan y quizás sería calificado de manera más complaciente, pero este Bond nos ha acostumbrado a cosas mejores. Si ésta es realmente la última interpretación de Craig en el papel de 007, los mejores días de Bond habrán quedado atrás... hasta que el nuevo reboot demuestre lo contrario.
El éxito alcanzado por Marvel en su proeza cinematográfica, que ya abarca una decena de films estrenados en apenas seis años, le ha permitido al estudio explorar los comics de sus héroes menos conocidos y trasladarlos a la gran pantalla. Antes del estreno de "Iron Man" en 2008, pocos conocían el nombre de Tony Stark, pero "Iron Man 3" recaudó más de mil millones de dólares a nivel mundial en 2013. Es probable que a partir de ahora, personajes como Starlord, Groot, Rocket, Drax y Gamora adquieran una popularidad similar.
"Guardians of the Galaxy" pertenece al universo cinematográfico de Marvel, pero se siente como una versión más ligera de Star Wars, donde no hay imperio que destruir ni una fuerza por dominar, sino un quinteto de descarrilados que deben aprender a soportarse para sobrevivir y, eventualmente, vencer a un enemigo en común. El "líder" de este grupo intergaláctico es Peter Quill (Chris Pratt), mitad Han Solo y mitad Indiana Jones, un cazarrecompensas que se hace llamar Starlord y viaja por la galaxia buscando tesoros y rompiendo corazones.
Durante su más reciente descubrimiento de una valiosa esfera, Peter se topa con los secuaces de Ronan El Acusador (Lee Pace),
quienes buscan apoderarse del objeto, pero logra escapar de ellos.
Ronan coloca un precio a su cabeza y envía a la asesina, Gamora (Zoe Saldana), a recuperar la esfera. El encuentro entre ambos no se hace esperar, pero la presencia de otro par de cazarrecompensas complica las cosas. Rocket (Bradley Cooper) y Groot (Vin Diesel), un mapache parlante y un árbol andante, intentan atrapar a Peter mientras Gamora busca apoderarse del orb, pero los cuatro terminan bajo arresto debido a la persecución nada discreta que protagonizan en el centro de la capital del planeta Xandar.
En una cárcel que no repara en género o planeta de origen, el grupo se topa con Drax El Destructor (Dave Bautista), quien intenta asesinar a Gamora en venganza por la muerte de su familia a manos de Ronan. Al mismo tiempo, Rocket y Groot idean un plan de escape que se desencadena de forma inesperada. Es así como el quinteto huye de prisión, pero con más de un enemigo a cuestas.
Lo que sigue es una historia contada innumerables veces que acierta en no tomarse en serio a sí misma, enfocándose en situaciones humorísticas generadas por el choque de personalidades que ocurre entre sus protagonistas. Rocket es irónico y algo rabioso, mientras que Drax es tosco y no comprende ningún tipo de sarcasmo. Gamora es tan ruda que no es capaz de bailar ante una canción pegajosa, pero Starlord es fanático de la música pop de los años 80, proporcionando además el soundtrack retro de la película mediante su imperdible Walkman. Y luego está Groot, el adorable árbol que sólo sabe decir "Yo soy Groot", aunque Rocket es capaz de hallar el significado de sus palabras en cualquier situación.
Zoe Saldana y Chris Pratt como Gamora y Starlord.
El director James Gunn entiende la ligereza del material con el que trabaja, por lo que no pretende vendernos el dramatismo que caracteriza a otras historias de súperheroes. Por el contrario, Gunn casi tira por la ventana la trama que conecta al film con el resto del universo Marvel, deteniéndose brevemente en puntos necesarios como la visita a El Coleccionista (Benicio Del Toro) o una escueta escena con Thanos (Josh Brolin), sin perder el rumbo en el desarrollo de los lazos que unen a este peculiar grupo de Guardianes.
Por fortuna, los actores le siguen el juego a la visión del director. Chris Pratt encaja sin ninguna dificultad en el papel de Starlord gracias a su carisma y sentido del humor, al tiempo que el luchador Dave Bautista aporta más dimensión al rol de Drax de la que suele recibir el fortachón de la historia. Zoe Saldana es menos memorable como la única mujer del grupo, pero al menos mantiene el ritmo de sus co-estrellas y se mimetiza con éxito dentro del quinteto. Por su parte, el trabajo vocal de Bradley Cooper, sumado a una animación digital de primera, hacen del duo de Rocket y Groot lo mejor de la película.
"Guardians of the Galaxy" era un proyecto que tenía todas las de perder gracias a una premisa rebuscada con personajes desconocidos para el público general. La apuesta de Marvel no sólo fue exitosa, sino que supera con creces a las primeras partes de súperheroes más familiares como Thor y Capitán America, ubicándose dentro de las mejores películas que el estudio ha producido hasta ahora. Los conflictos existencialistas que este grupo afronta se resuelven contando la leyenda de Footloose y el gran Kevin Bacon, o bajo la melodía de "Ain´t no Mountain High Enough", nada de estrés post traumático ni mártires inmolados.