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viernes, 26 de febrero de 2016

THE REVENANT: Frío, mucho frío.

Un oso no es nada para Leo.

Ver "The Revenant" en la pantalla grande a mitad del invierno provoca un aprecio particular por el trabajo, delante y detrás de cámaras, que el director Alejandro González Iñárritu y su equipo realizaron, o soportaron, para traernos un film de estas dimensiones. Iñárritu y su director de fotografía, Emmanuel Lubezki, utilizaron sólo luz natural, lo cual limitaba la cantidad de horas diarias para filmar y obligaba a realizar extensos ensayos antes de rodar el primer cuadro de película. La filmación tuvo que mudarse de Alaska a la Patagonia Argentina porque los días de invierno no alcanzaron. El film contiene complejas batallas con docenas de extras, filmadas además en planos secuencia que siguen a los personajes corriendo por la nieve o cabalgando a caballo sin realizar cortes. Y un oso ataca y deja medio muerto a Leonardo DiCaprio.

El villano de la historia.
Las quejas del equipo y de algunos actores, en torno a las largas jornadas a la intemperie y con bajas temperaturas, han sido notorias. Tom Hardy, quien venía de pasar dos años filmando "Max Max: Fury Road" en medio del desierto, ha confesado que el éxito de ese film, también realizado bajo condiciones extremas, fue lo que lo mantuvo cuerdo cuando dudó sobre su capacidad para soportar el rodaje. Sin embargo, la visión de Iñárritu perduró y el resultado es un film visceral que coloca al espectador en primer plano dentro de una historia de supervivencia y venganza.

El film tiene lugar en la Norteamérica de 1820, donde un grupo de cazadores y comerciantes de pieles se ve forzado a viajar de regreso a su campamento tras el ataque de una tribu de nativos americanos. DiCaprio interpreta a Hugh Glass, el guía de la expedición, acompañado por su hijo Hawk (Forrest Goodluck), mitad blanco, mitad nativo americano. En un momento a solas, Glass es atacado por un oso, una escena tan grotesca como impresionante gracias a una combinación magistral de efectos digitales y prácticos. El capitán Andrew Henry (Domhnall Gleeson), lider del grupo, pretende cargar con un Glass herido en el camino de retorno, pero John Fitzgerald (Tom Hardy), piensa que salvar a Glass pone en riesgo a todo el grupo. Fitzgerald se ofrece a cuidar de Glass para que el resto del grupo regrese sano y salvo, pero poco despues le abandona y le da por muerto.




A pesar de sus heridas, Glass permanece con vida. El ataque del oso es solo un abrebocas dentro de su travesía, pues deberá curar sus heridas, protegerse del frío, encontrar comida, esconderse de los nativos, ocultarse de un grupo de contrabandistas franceses y hallar el camino de regreso. La venganza, sin embargo, se convierte en su principal motivante. Como en todo film de supervivencia, el jugo de la historia esta en los detalles del viaje, más que en el destino, e Iñárritu no desperdicia el tiempo para mostrar cómo los instintos más básicos se desatan cuando el ser humano lucha por prevalecer. Más que la naturaleza, es el hombre quien representa el mayor peligro en una tierra donde los débiles perecen y sólo los más tenaces permanecen con vida.

Iñárritu le enseña español a DiCaprio.
El centro del film es el propio DiCaprio, quien destila el sufrimiento y la ira de su personaje valiéndose de muy pocos diálogos, pues una mordida del oso en su garganta le deja casi sin habla. Papeles como este requieren de una entrega física y emocional que pocos actores pueden soportar, pero DiCaprio triunfa como la pieza principal de un intenso y complejo despliegue técnico y narrativo. Fitzgerald es un villano despreciable, pero Hardy logra entender los motivos de su personaje y brinda la interpretación mas compleja de la historia, particularmente durante un monólogo donde relata cómo una vez devoró a una ardilla idolatrada como Dios por otro hombre (es difícil de explicar).

El último trecho de la historia cae en terrenos predecibles y algo ilógicos, pero en este punto Iñárritu ha jugado una mano casi perfecta. Es admirable también que la trama dedique tiempo para relatar las vejaciones a las que fueron sometidos los nativos americanos, prácticamente exterminados por el hombre blanco o relegados a la prostitución y al trabajo forzoso. "The Revenant" no es un film para todo tipo de estómagos, pero la precisión y el cuidado detrás de cada toma demuestran una clara visión de parte de su director, aunque es probable que muchos de sus colaboradores no quieran volverle a ver ni en pintura.

Puntuación: 4,75 de 5.


miércoles, 30 de septiembre de 2015

MAD MAX: FURY ROAD - El renacimiento de un director y una franquicia

Mad Max e Imperator Furiosa.
Debo comenzar esta reseña con una confesión: no he visto ninguna película de la trilogía original de Mad Max. De hecho, no tenía mayor interés en ver "Mad Max: Fury Road", pero la lluvia de comentarios positivos me impulsaron a verla unos días antes de que saliera de cartelera. Tras experimentar en pantalla grande la obra maestra que George Miller nos ha regalado, anhelo descubrir los trucos que el director tiene bajo la manga para el futuro del mundo post apocalíptico donde se desarrolla esta saga.

"Fury Road" no es un reboot, secuela ni precuela, sino un poco de todas las anteriores. Miller ha pasado 20 años preparando esta nueva entrega, tiempo que parece haber alimentado su inspiración y creatividad para producir un film de acción como pocos se han visto. En papel, es difícil creer en un guión que consiste esencialmente en una gran persecución, interrumpida por breves interacciones humanas y no mucho más. Sin embargo, lo que los diálogos no muestran se filtra a través de un tratamiento sensorial donde la cinematografía, sonido, dirección de arte, maquillaje y vestuario contribuyen a construir una experiencia como pocas.

Tom Hardy pasó medio rodaje con un bozal.
El desierto australiano sirve como escenario de un mundo donde se respira la radiación del aire y los poseedores de agua son quienes dominan a la sociedad. Tom Hardy interpreta al titular guerrero del camino, Max, quien es secuestrado por una banda de cazadores y llevado a Citadel, una fortaleza  dominada por Immortan Joe (Hugh Keays-Byrne), tirano con complejo de dios que mantiene a sus súbditos en resguardo bajo la promesa de brindarles líquido, abriendo drenajes cada cierto tiempo para alimentar sus esperanzas pero con la brevedad suficiente para que sigan en la miseria. Por si fuera poco, las mujeres lactantes son ordeñadas cual ganado y los esclavos como Max son donantes involuntarios de sangre, pues gran parte de la población es víctima de innumerables variedades de cáncer.

Tras un fallido intento de escape, Max es encadenado al frente de un vehículo para proveer sangre fresca a Nux (Nicholas Halt) durante la búsqueda de Imperator Furiosa (Charlize Theron), una sub-alterna de Joe que ha escapado de Citadel junto a las cinco esposas de éste.  Eventualmente, Max se une a Furiosa y su grupo en busca de la Zona Verde, el oasis de donde ella fue raptada durante su infancia.


Los diversos escenarios que recorren nuestros héroes brindan un amplio repertorio de oportunidades creativas para que cada secuencia de acción posea una identidad propia. Es así como el interior de un acantilado representa una amenaza muy distinta a la de un pantano cubierto de niebla, pero la adrenalina siempre se mantiene a toda mecha. Miller ha construido meticulosamente cada secuencia con una precisión casi poética donde cada elemento parece ser parte de un gran baile, cuyos participantes muestran lo más decadente de la raza humana al tiempo que emplean la violencia como único recurso de supervivencia. 

George Miller dirige la escena.
Aunque Tom Hardy desempeña el rol protagónico, es Charlize Theron quien domina la escena. Furiosa es tan temeraria como sus enemigos en su búsqueda por escapar del yugo de Inmortan Joe, y Theron posee la combinación ideal de rudeza y madurez para demostrar que su personaje es capaz de conducir un camión-tanque con la misma destreza que emplea para cuidar de sus cinco protegidas. Por su parte, el Max de Hardy es hombre de pocas palabras, pero el actor continúa demostrando que el cuerpo es tan importante como la voz para comunicar las emociones de un personaje, sobre todo durante la primera mitad del film, donde Max permanece con el rostro cubierto por un bozal.

Sin embargo, el gran protagonista de "Fury Road" es su director. El cine de autor rara vez engendra un film de acción con la complejidad técnica y creativa desplegada en esta obra, y la audiencia es la principal ganadora. El universo creado por Miller en su trilogía original se expande con esta entrega y abre un mundo de posibilidades para lo que puede ocurrir con la franquicia de aquí en adelante. Pocas propiedades intelectuales logran volver a la palestra luego de ausencias tan prolongadas como la de Mad Max, pero Fury Road podría alterar considerablemente la vara con que se mide a este abarrotado género.

Puntuación: 5 de 5.