Muy pocos esperaban volver a ver Rocky Balboa en la pantalla grande. El último film con el legendario boxeador como protagonista, titulado también "Rocky Balboa", se estrenó en 2006 y le otorgó a Sylverster Stallone la oportunidad de dejar atrás el trago amargo de "Rocky V" y retirar a su personaje de forma digna. Casi una década después, el director y escritor Ryan Coogler nos trae un film que podría considerarse la séptima entrega de la saga, pero funge a su vez como un refrescamiento o reboot bajo el título de "Creed".
Déjà Vu.
La diferencia fundamental entre Creed y los films de Rocky es su nuevo protagonista. Adonis Johnson (Michael B. Jordan) es el hijo de Apollo Creed (Carl Weathers), el antiguo rival y entrenador de Rocky que murió en el ring de boxeo a manos del ruso Drago (Dolph Lundgren) en "Rocky IV". Adonis es producto de una relación extramarital entre su madre y Apollo, pero su padre nunca le conoció. El film comienza en 1998, cuando un joven y agresivo Adonis reside en una prisión juvenil, buscando peleas con cualquiera que se atraviese en su camino. Adonis recibe una visita de Mary Anne Creed (Phylicia Rashad), la viuda de Apollo, quien decide responsabilizarse por él, a cambio de que no vuelva a meterse en problemas.
Saltando al presente, la vida del joven Adonis luce muy acomodada, pero su pasión por el boxeo le impulsa a dejar todo atrás y mudarse de California a Filadelfia para conseguir entrenamiento, nada más y nada menos que del propio Rocky Balboa. Los años no han pasado en vano para el potro italiano, pero su estatus legendario permanece intacto. En un momento metafísico, Adonis visita la estatua de Rocky, creada en la vida real por la ciudad de Filadelfia como tributo al personaje.
Adonis y Bianca fuera del ring.
Lo que sigue no es ajeno para quien haya visto algún film de Rocky: un montaje de escenas que muestran el duro entrenamiento, el florecimiento de una relación amorosa con la chica de al lado y el surgimiento de un rival que parece imposible de vencer. La fórmula ha funcionado en media de docena de películas, y no parece haber perdido efectividad. A diferencia de Rocky, Adonis es prepotente y puede llegar a ser violento, pero el guión se encarga de mantener sus defectos en cintura para preservar la empatía del personaje. Su relación amorosa con Bianca (Tessa Thompson) es más una distracción que una parte vital de la trama, pero ambos actores tienen química suficiente para lucir como una pareja creíble.
Como es de esperar, el centro de la historia se enfoca en la dinámica entre Adonis y Rocky. Adonis no quiere utilizar el apellido de su padre para evitar ser juzgado bajo su sombra, pero su nuevo entrenador le enseñará una lección o dos sobre lo que significa surgir desde abajo. Los filmes de Rocky siempre han mostrado la lucha de alguien que llevaba todas las perder y logra surgir ante la adversidad, algo que en este caso aplica tanto para Adonis como para el mismo Rocky. Sylvester Stallone se desviste de todo complejo al mostrar en la tercera edad al personaje que lo hizo estrella, con lo cual nos entrega su interpretación más conmovedora y genuina desde el primer film. El paso de batuta (o de guantes) entre un personaje y otro es evidente, y no será extraño ver otros filmes de Adonis Creed adornar la pantalla durante los próximos 40 años. Michael B. Jordan tiene el talante y el carisma suficiente para cargar esta franquicia sobre sus hombros.
Un buen film de Rocky cuenta con peleas memorables, algo donde Creed no decepciona. El enfrentamiento entre Adonis y su primer oponente parece ocurrir durante una sola toma, una maniobra arriesgada por parte del director Ryan Coogler que coloca al espectador en medio de la pelea mediante una coreografía muy bien ejecutada. No es el caso de la pelea principal, filmada de forma tradicional, pero con un rival más envolvente en el irlandés Ricky Conlan (Tony Bellew), quien sabe tocar todos los puntos débiles, físicos y mentales, de Adonis. La mezcla de sonido ayuda a que sintamos cada uno de los golpes embestidos en el ring, mientras la banda sonora balancea el uso de algunos temas tradicionales de Rocky con cargas de hip hop más urbanas y actuales.
Al igual que su protagonista, "Creed" está consciente del legado que sus antecesoras dejaron detrás. El film rinde homenaje a este legado pero procura arar su propio camino. La famosa celebración de Rocky en las escaleras del Museo de Arte de Filadelfia tiene su equivalente, aunque bajo un entorno muy diferente, mientras que la clásica melodía "Gonna Fly Now" cuenta con sólo una breve aparición. Rocky Balboa es la razón para ir a ver la película, pero Adonis Creed es el nuevo campeón.
2015 marcó la primera vez en que Pixar estrenó dos de sus películas durante un mismo año. "Inside Out" enamoró al público y a la taquilla durante el verano y ha sido calificada como uno de los mejores trabajos del estudio, mientras que noviembre trajo consigo a "The Good Dinosaur". El film debió ser estrenado en 2014 pero sufrió varios retrasos debido al despido de su director original, Bob Peterson, cuya versión no convenció a la plana mayor del estudio. Peterson fue substituido por Peter Sohn, director del corto animado "Partly Cloudy", quien no sólo modificó buena parte del guión sino que debió reemplazar a casi todo el elenco de voces, entre quienes estaban Neil Patrick Harris y John Lithgow. El resultado es un film lleno de encanto que sin embargo no logra esconder la truculencia detrás de su producción, por lo que queda corto si se le mide con la misma vara que a películas como "Up", "Wall-E" o la propia "Inside Out".
Los tiranosaurios conversan con sus huéspedes.
En el universo de la película, los dinosaurios nunca se extinguieron, sino que conviven con los humanos en un planeta Tierra libre de contaminación, donde el hombre no es la especie dominante ni ha evolucionado demasiado de su forma cavernícola. El protagonista de la historia es Arlo (Raymond Ochoa), un joven apatosaurio con serios problemas de autoestima que vive en una granja de maíz junto a su familia. Su carácter asustadizo e inseguro se debe a su incapacidad para resaltar al lado de sus hermanos, algo que obliga a sus padres a empujarlo constantemente para ser independiente. Cuando las reservas de maíz de la granja comienzan a desaparecer, el padre de Arlo le asigna la tarea de atrapar al culpable, quien resulta ser un pequeño niño cavernícola (Jack Bright). Durante la persecución, un trágico incidente separa a Arlo de su familia y el pequeño dinosaurio debe ingeniárselas para regresar a casa.
No pasa mucho tiempo antes de que el joven apatosaurio se percate de que no puede sobrevivir por sí solo, pero por fortuna el niño acude en su ayuda, gracias a lo cual la rivalidad entre ambos se convierte en amistad y Arlo le bautiza con el nombre de Spot. Durante su travesía, niño y dinosaurio descubren que tienen mucho más en común que su baja estatura, al tiempo que encuentran todo tipo de aliados y enemigos, entre ellos una manada de pterodáctilos que quiere devorar a Spot y un amistoso trio de tiranosaurios.
Si la historia suena familiar es porque "The Good Dinosaur" toma elementos de filmes de Disney como "The Jungle Book", "The Lion King" y "Finding Nemo". La orfandad continúa siendo un tema recurrente en los filmes del estudio pero ya ha sido reciclada hasta el cansancio, mientras que el emparejamiento de dos personajes totalmente disímiles durante un viaje increíble puede fungir como sinopsis de la mitad de los filmes de Pixar. Aunque la trama a toda vista no es original, el duo de protagonistas vende la película y le aporta un encanto indispensable a esta aventura para cautivar a una audiencia joven. Una escena donde Spot y Arlo aúllan a la luna provocó que todos los niños en la sala de cine replicaran el aullido hasta que rodaron los créditos, ejemplo que ilustra cómo la amistad que florece en pantalla se traduce en una experiencia positiva para los más pequeños. Además, la animación de los personajes, ambos niños dentro de sus respectivas especies, es tan cautivadora como los paisajes naturales recreados, algo en lo que Pixar tiende a resaltar y que eleva cualquier material, mas allá de su guión. (Aunque "Brave" siempre será un bodrio, no importa lo perfecto que luzca el pelo de Mérida).
Otra amenaza para Arlo y Spot.
El tono de la cinta es en general bastante serio, algo de extrañar en un film animado. En ocasiones la historia parece tomarse a sí misma demasiado en serio, y los personajes secundarios que entran y salen de escena no dejan una impresión memorable. No es ilógico presumir que las modificaciones del guión obligasen a hacer sacrificios y que el enfoque creativo se centrase en la relación entre Arlo y Spot, pero los filmes más exitosos de Pixar se caracterizan por contar con segundones que pueden llegar a ser más populares que los propios héroes.
Es fácil señalar los defectos de "The Good Dinosaur". Sin embargo, el corazón de la historia está presente en los lugares y momentos adecuados. A pesar de su carácter predecible, cada logro de lo héroes se siente ganado y merecido, y los últimos minutos derretirán el corazón de los adultos mientras los niños continúan en su unísono "¡aaauuuuuuuuuu!". Hay algo especial en este gran dinosaurio y su fiel amigo.
Este artículo contiene spoilers medianos acerca de la trama de Star Wars: The Force Awakens, mas no revela detalles sobre sus giros narrativos ni desenlace.
"Chewie, we're home".
La sensación preponderante durante los meses previos al estreno de Star Wars: The Force Awakens fue la intriga. ¿Llenará las ilógicas expectativas que los fanáticos se han creado?; ¿será mejor que las satanizadas precuelas de hace poco más de una década?; ¿capturará la esencia de la trilogía original?;¿volveremos a escuchar hablar sobre los midiclorianos?; ¿es Jar Jar Binks un caballero Sith?. Afortunadamente, la Fuerza está con el Despertar de la Fuerza.
The Force Awakens es oficialmente el episodio 7 de Star Wars y la continuación directa de "Return of the Jedi", el film de 1983 que concluyó con la derrota del Imperio Galáctico por parte de Luke Skywalker (Mark Hamill), Han Solo (Harrison Ford), la princesa Leia (Carrie Fisher) y el resto de la alianza rebelde. La historia tiene lugar unos 30 años después de aquel film y se centra en un nuevo reparto principal, al tiempo que trae de vuelta a las caras familiares que han ocupado y sobrevivido a los seis filmes anteriores, entre ellos los propios Luke, Solo y Leia, así como los amados Chewbacca (Peter Mayhew), C-3PO (Anthony Daniels) y R2-D2.
Rey, Finn y BB-8 huyen de la Primera Orden.
Los nuevos rostros están encabezados por Rey (Daisy Ridley), una joven chatarrera que vive en el desértico planeta Jakku, donde se gana la vida recuperando piezas de naves imperiales caídas, entre otros artefactos. Después de una de sus exploraciones, Rey se topa con BB-8, un simpático robot esférico que contiene información confidencial, tal y como R2-D2 cargase consigo un mensaje al inicio de "A New Hope". BB-8 pertenece a Poe Dameron (Oscar Isaac), un piloto de la Rebelión capturado por la Primera Orden, el nuevo grupo que pretende recuperar la conquista de la galaxia y acabar con la República. Encabezando la Primera Orden está Kylo Ren (Adam Driver), un aprendiz de sith que luce una máscara similar a la de Darth Vader y desea culminar el trabajó que éste comenzó.
Al igual que el Imperio, la Primera Orden posee un ejército de stormtroopers, aunque esta nueva versión no está conformada por clones sino por hombres y mujeres fieles a la causa imperial. Sin embargo, no todos los soldados parecen estar alistados bajo su voluntad, entre ellos Finn (John Boyega), un stormtrooper que deserta y escapa también a Jakku. El primer encuentro entre Finn y Rey sirve para dejar claro que Rey no es una típica damisela en apuros, sino una heroína que no requiere ser tomada de la mano para correr de un ataque imperial ni necesita de un hombre para pilotear una nave como el Millenium Falcon. Tras una de las mejores secuencias del film, donde ella conduce la legendaria nave para escapar de sus perseguidores, el grupo se topa con Han Solo y Chewbacca, dando inicio a la unión entre la antigua y la nueva generación de la saga.
Kylo Ren y su sable de luz (cuidado con cortarse un dedo).
El director J.J. Abrams, encargado de resucitar a la franquicia de Star Trek, rinde tributo a los elementos que hicieron de la trilogía original un gran éxito, lo cual mayoritariamente juega a favor del film. Las referencias y guiños a momentos memorables del pasado son variados, mientras que la estructura general del guión contiene bastantes similitudes con el episodio 4, A New Hope. La nostalgia es un arma poderosa, por lo que captar todas las referencias se convierte en un juego de memoria para los fanáticos, al tiempo que el deliberado número de referencias contribuye a preservar la esencia de la trilogía original. Sin embargo, el homenaje se vuelve menos sutil con la incorporación de algunos elementos bastante reciclados, como la amenaza (por tercera vez) de una Estrella de la Muerte y el correspondiente ataque a esta misma. A pesar de las múltiples referencias, son los elementos originales los que brindan un nuevo aire al film y a la saga. Rey es sin duda una heroína ideal para estos tiempos y la debutante Daisy Ridley realiza un trabajo excepcional, combinando la nobleza de Luke Skywalker con el carisma de Han Solo para producir un personaje cuyo origen y destino es, desde ya, objeto de intriga para fanáticos nóveles y expertos. Por su parte, Finn no es el personaje más complejo, pero el también debutante John Boyega balancea con éxito sus habilidades humorísticas con su destreza física, al tiempo que le sigue el paso a Ridley y al propio Harrison Ford.
Los escritores no se propusieron la tarea ilógica de superar al villano más famoso de la historia del cine, sino que optaron por invertir el conflicto interno del personaje. La lucha de Kylo Ren es contra la bondad que le tienta a alejarse del lado oscuro de la Fuerza, en contraposición con la oscuridad que nubló el juicio de Anakin Skywalker y lo llevó a convertirse en Darth Vader. Las acciones de Ren son a veces irracionales y un tanto erráticas, lo cual lo convierte en un villano mucho más impredecible y temerario. La interpretación de Adam Driver, el único buen actor de la serie Girls, otorga un villano mucho más complejo e intrigante que el esperpento de Anakin Skywalker en la trilogía de precuelas.
Más allá de los nuevos rostros, la atracción principal del film es el regreso de Han Solo (junto a Chewbacca, por supuesto). A diferencia de Carrie Fisher y Mark Hamill, cuyos roles en la historia son limitados, Harrison Ford contiene tanto tiempo en pantalla como Rey y Finn. El actor septuagenario no muestra señal alguna de agotamiento más de tres décadas después de haber interpretado el papel que lo convirtió en estrella. Aunque no conocemos el pasado con lujo de detalles, el guión no requiere de tantos diálogos explicativos para hacernos entender que la relación entre Han y Leia no culminó en cuento de hadas, y los errores de Solo lo colocan en una posición más vulnerable que nunca. Esto no quiere decir que el mejor piloto de la galaxia deje de hacernos reir con su ligereza ante el peligro y su capacidad de improvisación, aunque se perciba sin duda un pase de antorcha entre dos generaciones que emana un halo de nostalgia alrededor del personaje.
BB-8 no es un efecto digital.
Para evitar el exceso de efectos digitales que embriagó a las precuelas, J.J. Abrams decidió utilizar la mayor cantidad posible de efectos prácticos o mecánicos. La mayoría de las criaturas son producto del trabajo de maquillistas y titiriteros, así como de ingenieros creativos. El mejor reflejo de este acercamiento es el ingenioso diseño de BB-8, quien a primera vista luce como un efecto digital, pero que en realidad consiste en un cuerpo esférico unido a su cabeza a través de imanes. Asimismo, la escena en una cantina similar a la de Tatooine permite que estos creadores jueguen con todo tipo de criaturas. Sin embargo, un par de personajes secundarios sí fueron creados digitalmente: Maz Kanata (Lupita Nyong'o), la dueña de la cantina y conocedora del poder de la Fuerza, y el líder supremo Snoke (Andy Serkis), a quien sólo vemos sentado en un gigantesco trono a través de una imagen holográfica mientras vocifera instrucciones a la Primera Orden.
A pesar de esto, los efectos digitales no escasean, de hecho se ven mejor que nunca, gracias a un delicado balance entre lo tangible y lo sintético. Solo por esto, The Force Awakens se puede considerar un triunfo, pero Abrams va mas allá de la tecnología y nos trae una historia con sangre en las venas, gracias principalmente a un grupo de personajes sobre quienes deseamos descubrir mucho más. El film no es perfecto, principalmente por el mencionado reciclaje de algunos elementos y la falta de desarrollo de un par de personajes, en especial Poe Dameron. Aun así, el director logra relanzar Star Wars para una nueva generación, la cual no necesita conocer todos los detalles del universo creado por George Lucas para engancharse a partir de este episodio. El futuro de Star Wars está en buenas manos, algo que no se podía afirmar desde hace mucho tiempo.
Desde que Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence) se ofreció como tributo para salvar la vida de su hermana menor, "The Hunger Games" comenzó a construir una telaraña de conflictos que por lógica conducirían a un eventual enfrentamiento entre la chica en llamas y el sádico presidente Snow (Donald Sutherland), líder del cruel yugo que mantiene a la población de Panem bajo sus pies. Cuatro películas más tarde, las cartas (y las flechas) están puestas sobre la mesa para el tan esperado encuentro... O eso pensábamos.
Jennifer Lawrence en el set.
"Mockingjay: Part 2" comienza momentos después de la última escena del film anterior, algo de esperarse cuando el tercer y último libro de esta saga fue picado en dos, por motivos claramente financieros. Katniss se recupera de la violenta reacción de Peeta (Josh Hutcherson), quien parece haber sufrido un intenso lavado de cerebro durante su cautiverio a manos de Snow. La invasión al Capitolio es inminente y todos nuestros héroes se preparan para lo que viene, pero los hilos del poder detrás de la rebelión comienzan a tejerse a manos de la auto-proclamada presidenta Coin (Julianne Moore), quien percibe en Katniss una amenaza para su liderazgo.
Luego de una breve misión para unir a los trece distritos, Katniss es asignada a un escuadrón de retaguardia que cuenta con el ya conocido equipo de camarógrafos dirigidos por Cressida (Nathalie Dormer), cuyo fin es registrar la llegada de Katniss al Capitolio una vez que la rebelión haya tomado control de la ciudad. Al escuadrón se unen los siempre fieles Gale (Liam Hemsworth) y Finnick (Sam Claflin), entre otros. Sin embargo, el grupo es informado a última hora de la adición de un nuevo miembro, nada menos que el mismo Peeta, quien días antes intentó asesinar a Katniss. Si bien esto revela con claridad que algo no anda bien, el grupo parece aceptarlo sin mayor problema, detalle que la historia pretende que ignoremos.
El presidente Snow es el único que sonríe.
Lo que sigue es lo que Finnick llama la edición número 76 de los Juegos del Hambre, pues Snow ha llenado la ciudad de trampas mortales para evitar el avance de la rebelión. Cualquiera pensaría que esto afectaría también a los ciudadanos del Capitolio, pero la excusa de un toque de queda sirve para justificar su ausencia. Constantemente, los personajes repiten que el enemigo es Snow y no sus súbditos, pero la oportunidad para generar empatía hacia estos personajes de peinados extravagantes y exceso de maquillaje es ampliamente desperdiciada, reduciéndose a un breve encuentro que ocurre muy tarde dentro de la historia. Por ende, el Capitolio parece más un terreno deportivo que un lugar donde viven seres de carne y hueso.
Como es costumbre dentro de la saga, los momentos más interesantes ocurren cuando las trampas comienzan a cobrar víctimas, en particular durante una secuencia bastante tenebrosa que parece sacada de un film de Alien y funciona independientemente como pieza de suspenso. Sin embargo, ya los filmes anteriores abarcaron dos entregas de los Juegos del Hambre, mejor ejecutadas y en un contexto diferente, por lo que estas trampas solo fungen como relleno antes de la confrontación final. En el camino, se supone que el triángulo amoroso entre Katniss, Gale y Peeta debe alcanzar su punto mas álgido, pero Jennifer Lawrence nunca ha tenido química con sus dos co-protagonistas y las cosas no mejoran en esta ocasión. Al final, la elección de Katniss no es solo ilógica sino irrelevante.
"Mockingjay Part 2" es la prueba mas evidente de que no siempre es sencillo traducir el lenguaje escrito a la gran pantalla. La ley no escrita de cualquier blockbuster dicta que el último encuentro entre héroe y villano debe ser el mas épico de todos, pero aquí el camino escogido va en la dirección opuesta. Katniss no es testigo de momentos clave dentro de la invasión al Capitolio, y por ende la audiencia tampoco los vive. Las novelas de Suzanne Collins se mantienen siempre dentro del punto de vista de Katniss, mientras que el film intenta mantener esta perspectiva pero a la vez tiene la obligación tácita de dar cierre a un número importante de personajes y situaciones que simplemente quedan en el aire. Son varias las muertes en esta última entrega, pero el impacto emocional de la mayoría es casi inexistente.
Katniss y Gale... Zzzzz.
La decisión de hacer algo diferente es admirable, pero el equipo detrás de esta saga intenta pagar y darse el vuelto: estirar un único libro en dos películas modifica la estructura intrínseca de la historia, por lo que el inicio, medio y desenlace de esta segunda parte no concuerdan con los del texto en el cual se basan. Debido a ésto, el desenlace llega mucho antes de lo esperado y culmina tan pronto nos percatamos de su llegada. En este momento, la historia cuenta con una sorpresa más que sólo genera confusión durante el último cuarto de película.
Quizás la idea funciona mejor en el libro (¿o no?), pero la ejecución en la película deja mucho que desear. El guión no arroja suficientes pistas para convencernos de que la decisión final de Katniss es acertada, y la reacción de todos a su alrededor también carece de sentido. Peor aún, dicho giro priva a la saga entera de un desenlace satisfactorio, algo frustrante al pensar que los mejores momentos de estas cuatro películas quedarán siempre opacados por un final decepcionante (un momento de oro ocurre durante la última escena de Snow en pantalla, y Donald Sutherland demuestra que es el único actor que parece divertirse dentro de su retorcida interpretación). Lamentablemente, Los Juegos del Hambre culminan en una nota negativa, algo que parecía inimaginable para una epopeya que prometía mucho más de lo que aquí se brinda.
No es necesario ir muy lejos para percatarse de que la filmografía de James Bond está llena de altibajos. Daniel Craig ha interpretado al agente 007 en cuatro películas, dos de las cuales resaltan dentro de las mejores en el canon cincuentenario de esta saga, en parte porque revelaron un lado más intenso y oscuro que el personaje no mostraba desde la era de Sean Connery. Los filmes con Daniel Craig han procurado mantener cierta continuidad entre una cinta y otra, algo que no importaba mucho en el pasado. La pérdida de su amada Vesper (Eva Green) en "Casino Royale" continúa generando estragos en la psiquis de Bond, mientras que la muerte de M (Judi Dench) en "Skyfall" demostró que es imposible escapar de un pasado lleno de asesinatos y traición. Entre esas cintas, "Quantum of Solace" quedó como el hijo del medio, un film con una crisis de identidad que no sabía si era una segunda parte o una entrega independiente, y ahora la misión de "Spectre" es atar todos los cabos y entregarlos con un lazo dorado para, supuestamente, cerrar la era de Craig con broche de oro.
Christoph Waltz como Blofeld, "One million dollars, buahaha".
Aunque no posee las mismas fallas que "Quantum...", Spectre cae en la tentación de reciclar varios elementos y vicios que esta versión de 007 parecía haber dejado atrás. Las locaciones exóticas y las mujeres bellas siempre han formado parte de estas películas, pero en esta ocasión la historia repite el mismo patrón una y otra vez: el héroe viaja por el mundo en búsqueda de un objeto o persona que lo conduce a un nuevo lugar en búsqueda de otro objeto o persona, usualmente con una aparatosa escena de acción de por medio de la cual sale sin un sólo rasguño. Es la fórmula Bond, sin duda, y ha funcionado por más de 50 años, pero la ejecución en los últimos filmes otorgaba prioridad a la historia, mientras que en esta ocasión las cosas parecen andar en piloto automático.
Si bien "Skyfall" ya había explorado el pasado de su protagonista, el villano de esta entrega es nuevamente una figura conocida que busca venganza a como dé lugar. Blofeld (Cristoph Waltz) es la cabeza de Spectre, una poderosa organización malvada que al parecer ha estado detrás de todos los planes macabros de los tres filmes anteriores, así como de todo el sufrimiento infligido hacia Bond. Blofeld no aparece en pantalla hasta más o menos la mitad del film, imitando nuevamente la estructura de Skyfall, donde el Silva de Javier Bardem también entraba en acción a medio camino. Sin embargo, Blofeld es un villano mucho más débil, principalmente porque la mayoría de sus escenas consisten en intercambios verbales con Bond mientras Blofeld se mantiene inmóvil desde una posición segura. El guión pareció confiar en que el actor vendería al villano, pero ni siquiera un ganador de dos Oscars puede darle vida a un personaje tan estereotipado. Blofeld ya existió en versiones anteriores de Bond y fue parodiado hasta el cansancio a través del Dr. Evil de Austin Powers, por lo que es difícil ver al personaje sin algo de ironía, aún sin un gato sentado sobre su regazo.
Monica Belucci y Daniel Craig.
Monica Belucci es una de las chicas Bond en esta oportunidad, en lo que podría catalogarse como una aparición especial con el único fin de mostrar a Monica Belucci en un film de James Bond (algo que incomprensiblemente no había sucedido hasta ahora). Por desgracia, sus escenas con Bond caen en el borde del ridículo y fungen como simple relleno dentro de la historia. La chica principal es Madeleine (Lea Seydoux), hija de Mr. White (Jesper Christensen), a quien vimos por última vez en Quantum of Solace. Seydoux es bastante más joven que Daniel Craig, por lo que su relación inicialmente no posee un tono romántico. Madeleine es la chica Bond más interesante desde Vesper, gracias a que la interpretación de la actriz no sacrifica la independencia del personaje por su sensualidad, aún cuando debe ser rescatada en un par de ocasiones. Además, la decisión de enamorarse de Bond es suya y no de éste.
Las escenas de acción varían entre tibio y frío. La primera escena, grabada en Ciudad de México, comienza con un plano secuencia bastante complejo durante la celebración del Día de los Muertos y culmina con una impresionante pelea a bordo de un helicóptero. Por otro lado, una persecución en las calles de Roma entre el Aston Martin de Bond y el Jaguar de Mr. Hinx (Dave Bautista) surge como la segunda mejor del film. Poco o nada más resulta memorable en este plano, una secuencia en las montañas nevadas de Austria se torna caricaturesca en el momento que Bond desciende de un precipicio en una avioneta, al tiempo que dispara a vehículos en movimiento, aniquilando a todos los villanos sin siquiera despeinarse. De igual forma, el último encuentro entre Bond y Blofeld carece de lógica narrativa al tomar en cuenta las circunstancias previas a éste.
Craig aporta el mismo carisma y sex appeal que lo ha hecho famoso, pero el actor a veces luce un tanto aburrido del papel. Ciertamente, Bond siempre mantiene la calma ante las situaciones más inverosímiles, pero los momentos de vulnerabilidad que hicieron de "Casino Royale" y "Skyfall" dos obras memorables son escasos aquí. "Spectre" podría pasar por un film de la era de Pierce Brosnan y quizás sería calificado de manera más complaciente, pero este Bond nos ha acostumbrado a cosas mejores. Si ésta es realmente la última interpretación de Craig en el papel de 007, los mejores días de Bond habrán quedado atrás... hasta que el nuevo reboot demuestre lo contrario.
En el espacio nadie te escucha gritar, pero en Marte se baila música disco. Este parece ser el modus operandi de "The Martian", la nueva obra del director Ridley Scott, maestro en contar historias fuera de este mundo como "Alien" y "Blade Runner". En esta oportunidad, el director nos brinda una de sus cintas más digeribles, apegándose mas a la ciencia que a la ciencia-ficción con el fin de honrar la esencia de la novela sobre la cual se basa el film.
Un grupo de astronautas de la misión Ares III de NASA se encuentra tomando muestras en el planeta rojo cuando una tormenta los toma por sorpresa. La premura de la situación los obliga a abandonar el planeta para sobrevivir, pero en el camino hacia la nave espacial, Mark Watney (Matt Damon) es golpeado por una antena y el grupo pierde su rastro. Sus compañeros no tienen otra opción que presumir su muerte y huir. Al culminar la tormenta, Watney recupera la conciencia y se halla completamente solo en el planeta. Gracias a su entrenamiento e intuición, el astronauta estima que una misión de rescate tardaría aproximadamente cuatro años en llegar a Marte, si es que alguien se entera de que está vivo.
Es conveniente saber sobre jardinería en Marte.
Por fortuna, Watney no es sólo un astronauta y científico, sino también un botanista. Valiéndose de los escasos recursos que encuentra dentro de la base, en cuestión de días es capaz de producir agua y de sembrar papa en suelo marciano. De igual forma, Watney no tiene más opción que conformarse con la única opción musical disponible: una colección de música disco encabezada por los éxitos de Abba. No existe tiempo para el melodrama cuando hay tanto que hacer para sobrevivir, lo cual diferencia considerablemente a "The Martian" de films como "Cast Away" o "Gravity". En vista de que el personaje no tiene con quien interactuar, el guión emplea ingeniosamente la grabación de un diario mediante el cual Watney mantiene un registro de sus actividades, algo muy en sintonía con los tiempos actuales, donde solo se necesita de un selfie stick para documentar cada instante de nuestras vidas. Matt Damon emana una combinación de carisma y experiencia que hacen de Watney un personaje completamente empático, por cuyo bienestar apostamos desde el inicio.
Pero "The Martian" no se limita a contar únicamente la historia del desaparecido, sino que dedica un espacio importante para quienes buscan rescatarlo. El director de la NASA, Teddy Sanders (Jeff Daniels), intenta evitar un desastre de relaciones públicas que golpee aún más los fondos de la agencia, y el descubrimiento de que Watney vive lo enfrenta con Vincent Kapoor (Chiwetel Ejiofor), el responsable de traer de vuelta a todos los astronautas del Ares III. A su vez, este grupo está liderizado por la capitana Melissa Lewis (Jessica Chastain), quien no deja de sentirse culpable por haber abandonado a su compañero en el planeta rojo.
Sí, Kristen Wiig actúa en el film.
En vista de que la historia abarca tres puntos de vista dentro de la misma situación, el film cuenta con gran número de personajes y no todos reciben el desarrollo adecuado, pero el guión de Drew Goodard proporciona varias sorpresas sin desviarse demasiado del objetivo principal: traer de vuelta a Watney. El encanto que destila el film se centra en lo plausible que toda la ciencia desplegada en la trama parece ser, a sabiendas de que en la realidad el hombre está aún lejos de viajar hasta Marte. Al mismo tiempo, se presentan algunos dilemas éticos donde todas las partes poseen argumentos válidos, sin que la historia satanice demasiado a alguna postura por encima de otra.
Scott es un director con una carrera llena de filmes memorables o intrascendentes en igual medida, pero "The Martian" se ubica dentro de sus trabajos más frescos y accesibles en al menos una década. En tiempos donde la tragedia parece ser requisito indispensable al contar cualquier historia dramática, el director nos invita a enfocarnos en aquello que nos mantendría con vida en una situación de ese tipo: contar con un propósito. No hay subtexto ni metáforas en esta travesía, pero existe una sensación de descubrimiento, e incluso de aprendizaje, que poco se consigue en el cine de hoy.
Debo comenzar esta reseña con una confesión: no he visto ninguna película de la trilogía original de Mad Max. De hecho, no tenía mayor interés en ver "Mad Max: Fury Road", pero la lluvia de comentarios positivos me impulsaron a verla unos días antes de que saliera de cartelera. Tras experimentar en pantalla grande la obra maestra que George Miller nos ha regalado, anhelo descubrir los trucos que el director tiene bajo la manga para el futuro del mundo post apocalíptico donde se desarrolla esta saga.
"Fury Road" no es un reboot, secuela ni precuela, sino un poco de todas las anteriores. Miller ha pasado 20 años preparando esta nueva entrega, tiempo que parece haber alimentado su inspiración y creatividad para producir un film de acción como pocos se han visto. En papel, es difícil creer en un guión que consiste esencialmente en una gran persecución, interrumpida por breves interacciones humanas y no mucho más. Sin embargo, lo que los diálogos no muestran se filtra a través de un tratamiento sensorial donde la cinematografía, sonido, dirección de arte, maquillaje y vestuario contribuyen a construir una experiencia como pocas.
Tom Hardy pasó medio rodaje con un bozal.
El desierto australiano sirve como escenario de un mundo donde se respira la radiación del aire y los poseedores de agua son quienes dominan a la sociedad. Tom Hardy interpreta al titular guerrero del camino, Max, quien es secuestrado por una banda de cazadores y llevado a Citadel, una fortaleza dominada por Immortan Joe (Hugh Keays-Byrne), tirano con complejo de dios que mantiene a sus súbditos en resguardo bajo la promesa de brindarles líquido, abriendo drenajes cada cierto tiempo para alimentar sus esperanzas pero con la brevedad suficiente para que sigan en la miseria. Por si fuera poco, las mujeres lactantes son ordeñadas cual ganado y los esclavos como Max son donantes involuntarios de sangre, pues gran parte de la población es víctima de innumerables variedades de cáncer.
Tras un fallido intento de escape, Max es encadenado al frente de un vehículo para proveer sangre fresca a Nux (Nicholas Halt) durante la búsqueda de Imperator Furiosa (Charlize Theron), una sub-alterna de Joe que ha escapado de Citadel junto a las cinco esposas de éste. Eventualmente, Max se une a Furiosa y su grupo en busca de la Zona Verde, el oasis de donde ella fue raptada durante su infancia.
Los diversos escenarios que recorren nuestros héroes brindan un amplio repertorio de oportunidades creativas para que cada secuencia de acción posea una identidad propia. Es así como el interior de un acantilado representa una amenaza muy distinta a la de un pantano cubierto de niebla, pero la adrenalina siempre se mantiene a toda mecha. Miller ha construido meticulosamente cada secuencia con una precisión casi poética donde cada elemento parece ser parte de un gran baile, cuyos participantes muestran lo más decadente de la raza humana al tiempo que emplean la violencia como único recurso de supervivencia.
George Miller dirige la escena.
Aunque Tom Hardy desempeña el rol protagónico, es Charlize Theron quien domina la escena. Furiosa es tan temeraria como sus enemigos en su búsqueda por escapar del yugo de Inmortan Joe, y Theron posee la combinación ideal de rudeza y madurez para demostrar que su personaje es capaz de conducir un camión-tanque con la misma destreza que emplea para cuidar de sus cinco protegidas. Por su parte, el Max de Hardy es hombre de pocas palabras, pero el actor continúa demostrando que el cuerpo es tan importante como la voz para comunicar las emociones de un personaje, sobre todo durante la primera mitad del film, donde Max permanece con el rostro cubierto por un bozal.
Sin embargo, el gran protagonista de "Fury Road" es su director. El cine de autor rara vez engendra un film de acción con la complejidad técnica y creativa desplegada en esta obra, y la audiencia es la principal ganadora. El universo creado por Miller en su trilogía original se expande con esta entrega y abre un mundo de posibilidades para lo que puede ocurrir con la franquicia de aquí en adelante. Pocas propiedades intelectuales logran volver a la palestra luego de ausencias tan prolongadas como la de Mad Max, pero Fury Road podría alterar considerablemente la vara con que se mide a este abarrotado género.